DHA y desarrollo cognitivo en niños: evidencia actualizada
Próximamente se dispondrá de pruebas definitivas y dosis exactas, pero ya se dispone de evidencia del papel del DHA en el desarrollo cognitivo infantil. Esta grasa, abundante en el cerebro, se perfila cada vez más como un aliado clave para el éxito académico infantil. Descubramos qué nos hace pensar así.
El DHA (ácido docosahexaenoico) es una grasa esencial para el desarrollo y el funcionamiento normal del cerebro.
Su importancia es principalmente estructural. De hecho, es el principal omega-3 de la materia gris cerebral y, por sí solo, representa aproximadamente el 15 % de todos los ácidos grasos presentes en la corteza frontal humana.
Su papel, sin embargo, se extiende a la función neuronal; de hecho, la presencia de cantidades adecuadas de DHA permite que estas células funcionen de manera óptima.
Todo esto es gracias a su estructura química: la presencia de numerosos dobles enlaces confiere a las membranas en las que se inserta una fluidez que facilita la transmisión de señales.
Además, algunas sustancias producidas a partir de DHA actúan como moléculas bioactivas que protegen los tejidos del daño oxidativo y el estrés.
En este contexto, una ingesta insuficiente de DHA puede comprometer la integridad estructural y funcional de áreas críticas del cerebro, como el hipocampo, el hipotálamo y la corteza.
Pero eso no es todo. Si bien es cierto que el crecimiento cerebral primario, medido en términos de peso, ocurre desde el nacimiento hasta los dos años de edad, el desarrollo cerebral no termina ahí; algunas áreas cerebrales continúan desarrollándose durante la infancia y la adolescencia, y durante este período, la maduración neuronal, la formación de sinapsis y la expansión de la materia gris son procesos rápidos estrechamente relacionados con la acumulación de DHA en sus tejidos.
Un aspecto crucial es la mielinización de los lóbulos frontales, que comienza a los 6 meses de edad y continúa con su máximo desarrollo a los 2 años, entre los 7 y los 9 años, y durante toda la adolescencia. Dado que el DHA es esencial en todas estas etapas, su disponibilidad constante es necesaria para el crecimiento continuo del sistema nervioso central.
DHA y funciones cognitivas: de la atención a las funciones ejecutivas
En concreto, en cuanto al desarrollo de las capacidades cognitivas, las más básicas, como la atención y la memoria, comienzan a desarrollarse a una edad muy temprana. Las conductas más avanzadas y orientadas a objetivos (las llamadas funciones ejecutivas: planificación estratégica, razonamiento y resolución de problemas) aparecen en etapas posteriores del desarrollo.
Los lóbulos frontales, particularmente ricos en DHA, se consideran los centros responsables de estas actividades cognitivas de orden superior. Este omega-3 influye directamente en los neurotransmisores, la transmisión de impulsos nerviosos a través de las sinapsis y la transducción de señales. Estudios en humanos han demostrado que niveles adecuados de DHA contribuyen a un coeficiente intelectual (CI) normal y preservan el aprendizaje y la memoria visoespacial.
El impacto de la deficiencia de DHA y los trastornos del desarrollo cognitivo
La investigación científica también ha encontrado una asociación entre niveles bajos de Omega 3 y diversas dificultades conductuales y cognitivas:
- En los animales, la deficiencia de DHA se asocia con problemas de aprendizaje espacial y serial, déficits de memoria, aumento de los síntomas depresivos y comportamiento agresivo;
- Sin embargo, en los niños, niveles bajos de Omega 3 en la sangre y una alta proporción Omega 6/Omega 3 se han asociado con trastornos del desarrollo y del comportamiento, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), la dislexia o la dispraxia.
Aunque los resultados de los estudios que evalúan los beneficios de la suplementación con DHA son inconsistentes, varios estudios han encontrado mejoras en los síntomas y el rendimiento académico de estos niños tras la suplementación con ácidos grasos poliinsaturados. Esto plantea la pregunta de si los niños sanos, especialmente aquellos con niveles subóptimos de DHA debido a una ingesta dietética inadecuada, también podrían beneficiarse de una mayor ingesta de DHA.
Evidencia neurofisiológica de los beneficios del DHA para el desarrollo cognitivo infantil
Las pruebas cognitivas utilizadas para evaluar los beneficios de la suplementación con DHA en el desarrollo cognitivo infantil no siempre han mostrado cambios significativos, especialmente en niños sanos, donde las mejoras pueden ser sutiles. Las pruebas neurofisiológicas, basadas en la evaluación directa de la actividad cerebral, son más evidentes.
En un estudio de 2010 publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, Robert McNamara y sus colegas utilizaron imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf) para observar la actividad cerebral durante una tarea de atención sostenida. Si bien los resultados de la prueba estandarizada no mostraron diferencias significativas, la IRM confirmó una mayor activación de la corteza prefrontal dorsolateral en niños que recibieron suplementos de DHA.
De manera similar, los electroencefalogramas obtenidos en un estudio de Olivier Boucher y colegas, también publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, mostraron una asociación positiva significativa entre los niveles de DHA y la actividad cerebral durante pruebas estandarizadas.
Finalmente, incluso en adultos jóvenes, el uso de la espectroscopia nos ha permitido asociar la ingesta de aceite de pescado rico en DHA con un mayor flujo sanguíneo en el cerebro durante las tareas cognitivas.
Estos datos sugieren que el DHA efectivamente altera la función cerebral, incluso cuando las pruebas de comportamiento tradicionales no son lo suficientemente sensibles para detectarlo.
DHA y rendimiento académico: lectura y escritura
Además, a pesar de la variabilidad en las pruebas cognitivas, varios estudios han demostrado un impacto positivo del DHA en el rendimiento académico. De siete estudios analizados en una revisión de 2013 publicada en Nutrients, cinco informaron que los niveles de DHA o la suplementación mejoraron habilidades como el aprendizaje, la lectura y la ortografía.
La mejora en las habilidades de lectura se observó especialmente en niños con habilidades iniciales pobres, mientras que en otros casos la suplementación les permitió mantener las habilidades de ortografía, que en cambio habían disminuido en el grupo de control.
La lectura se considera una habilidad fundamental para todo aprendizaje académico; los niños que no la dominan en los primeros años tienen dificultades para comprender el material en años posteriores, y esto conduce a una disminución de la motivación y la autoestima.
El DHA puede actuar mejorando simultáneamente pequeñas áreas de la función cognitiva, como la memoria y la atención, que juntas facilitan tareas complejas como la lectura y la escritura.
La importancia de la relación DHA/ARA en los recién nacidos
Por último, algunos estudios sugieren que, al menos en los primeros años de vida, los beneficios del DHA para el desarrollo de las capacidades cognitivas podrían depender también de su relación con otra grasa poliinsaturada importante para el desarrollo del sistema nervioso central: el ácido araquidónico (ARA), perteneciente a la serie Omega 6.
El ARA es esencial para la integridad estructural y funcional del sistema nervioso y es un precursor de moléculas que influyen en los procesos cerebrales, y la investigación científica ha proporcionado evidencia de que el desarrollo neurológico, cognitivo y visual de los bebés es sensible a la proporción de DHA a ARA.
La leche materna, considerada el estándar de oro para la nutrición durante los primeros meses de vida, contiene de forma natural ambos nutrientes; sin embargo, las fórmulas infantiles pueden presentar dificultades. De hecho, existe la preocupación de que añadir solo DHA sin ARA pueda causar deficiencia de ARA, ya que el DHA compite por la misma enzima (Δ-6 desaturasa) necesaria para la síntesis de ARA, cuya actividad ya es naturalmente baja en los recién nacidos.
Los estudios indican que una proporción DHA/ARA de 0,5 a 1,0 es óptima para mejorar significativamente la función cognitiva. Sin embargo, la necesidad de exigir la adición de ARA en las fórmulas infantiles aún es cuestionable.
En Estados Unidos y otros países, la adición de ambos es obligatoria, mientras que en la Unión Europea, la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) ha hecho obligatorio únicamente el DHA, considerando que los lactantes pueden sintetizar ARA y que faltan datos a largo plazo sobre la seguridad de su adición a las fórmulas.
La principal preocupación con el ARA es su potencial proinflamatorio. Sin embargo, los datos disponibles sugieren que cuando la proporción DHA/ARA es demasiado alta, produce una inhibición competitiva que puede dificultar la mejora de la función cognitiva.
En el futuro, las poblaciones europeas podrían beneficiarse más de una proporción equilibrada de DHA/ARA de entre 0,5 y 1.
Estrategias de ingesta y recomendaciones nutricionales
Por todo lo anterior, se debe garantizar una ingesta adecuada de DHA desde las primeras etapas de la vida.
Todo bebé comienza a recibir DHA en el útero, momento en el que se considera esencial una ingesta materna de 250 mg de DHA + EPA, más 200 mg adicionales de DHA al día, para un desarrollo cerebral adecuado. Estos beneficios continúan durante la lactancia materna a través de la leche materna o fórmulas fortificadas.
Una vez que comienza el destete, el pescado se convierte en la principal fuente de alimento. Sin embargo, el consumo de pescado rico en omega-3 en niños presenta algunos desafíos:
- posible contaminación por mercurio;
- posible presencia de espinas;
- Fenómenos de selectividad y rechazo alimentario comunes en la infancia.
Dado que el cuerpo humano sintetiza DHA de forma muy ineficiente a partir de sus precursores, es importante consumir alimentos que ya contengan este omega-3 (como el pescado). En este contexto, los suplementos dietéticos formulados específicamente para niños y adolescentes son una valiosa ayuda para asegurar la ingesta necesaria.
La EFSA recomienda una dosis diaria de 250 mg como guía para una función cerebral saludable. Sin embargo, estudios clínicos que muestran beneficios significativos en niños con dificultades de aprendizaje o en niños sanos han utilizado dosis de hasta 600 mg al día.
Aunque aún está por verse si 600 mg es la dosis óptima para todos los niños sanos, parece claro que la optimización nutricional es un factor ambiental clave para el éxito académico, el bienestar social y la autoestima infantil. Invertir en una nutrición adecuada favorece no solo el crecimiento físico del cerebro, sino también el potencial futuro de una persona.
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