Sistema nervioso

Omega-3 y salud mental: nuevos protocolos de suplementos para la ansiedad y la depresión

¿Podrían los suplementos de omega-3 complementar los tratamientos tradicionales para la ansiedad y la depresión? La posibilidad es plausible; los estudios sugieren casos donde se podrían obtener beneficios reales, e incluso se han propuesto algunas pautas de tratamiento. Exploremos posibles protocolos de suplementación basados ​​en evidencia científica.

En las últimas décadas, la relación entre la nutrición y la salud mental ha pasado de ser una hipótesis marginal a un campo de investigación de pleno derecho. Entre los nutrientes más estudiados por su posible papel en la promoción del bienestar mental se encuentran los ácidos grasos omega-3, en particular los de origen marino, concretamente el EPA (ácido eicosapentaenoico) y el DHA (ácido docosahexaenoico).

Un campo de aplicación interesante es la prevención y el manejo de la ansiedad y la depresión. ¿Qué indican los datos disponibles? ¿Funcionan los omega-3? ¿En qué casos? ¿Tiene sentido hablar de protocolos de suplementación?

Para responder a estas preguntas es necesario distinguir entre hipótesis biológicas, hallazgos clínicos y recomendaciones oficiales.

Omega-3 para la ansiedad y la depresión: la hipótesis biológica

La ansiedad y la depresión tienen un origen multifactorial. Los mecanismos subyacentes incluyen:

  • neuroinflamación crónica de bajo grado, con aumento de moléculas proinflamatorias, como las citocinas interleucina-6 (IL-6) y el factor de necrosis tumoral α (TNF-α), y de un importante marcador de inflamación, la proteína C reactiva (PCR);
  • alteraciones en la plasticidad neuronal, una propiedad potencialmente relevante para la adaptación emocional;
  • reducción del factor neutrotrófico derivado del cerebro (BDNF), un factor que, si está presente en niveles normales, promueve la adaptación al estrés;
  • disfunción del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HPA), que se activa persistentemente por el estrés crónico;
  • Interacciones entre el intestino, la microbiota y el cerebro en el llamado eje intestino-cerebro; en particular, las alteraciones en el equilibrio de la flora intestinal (disbiosis) pueden aumentar la permeabilidad intestinal, promoviendo una mayor inflamación sistémica, y alterar la producción de neurotransmisores involucrados en la regulación del estado de ánimo (como el ácido gamma-aminobutírico (GABA), que promueve la relajación al reducir la excitabilidad neuronal, y la serotonina, conocida acertadamente como la "hormona de la felicidad").

Así pues, desde un punto de vista biológico, el Omega 3 podría contrarrestar la ansiedad y la depresión gracias a:

Además, la literatura científica sugiere que el EPA y el DHA pueden influir en el BDNF y la plasticidad neuronal y regular el eje HPA y los niveles sanguíneos de cortisol, la molécula del estrés por excelencia.

¿Son los omega-3 realmente eficaces contra los trastornos del estado de ánimo? ¿Qué dicen los estudios clínicos?

Partiendo de esta hipótesis biológicamente plausible, varios estudios han probado en campo el potencial de los omega-3 contra los trastornos del estado de ánimo. Las revisiones y metaanálisis de los estudios clínicos disponibles sugieren una eficacia diferente según el objetivo sea controlar la ansiedad o la depresión.

En el caso de la ansiedad, una revisión sistemática publicada en 2024 en BMC Psychiatry indica que los suplementos de omega-3 pueden ayudar a mejorar los síntomas sin efectos adversos significativos.

El análisis incluyó 23 estudios clínicos con un total de 2189 personas. Se observaron efectos significativos con dosis de al menos 2 gramos al día. Sin embargo, lamentablemente, las diferencias en las metodologías de investigación adoptadas en los estudios individuales y en las características de las poblaciones implicadas impidieron a los autores extraer conclusiones claras y definitivas sobre la eficacia de los omega-3 contra la ansiedad.

Anteriormente, un metaanálisis publicado en 2018 en JAMA Network Open también destacó la necesidad de una ingesta diaria de al menos 2 gramos de omega-3 para reducir los síntomas de ansiedad; además, este análisis sugiere la necesidad de personalizar la suplementación, indicando que aquellos con condiciones médicas subyacentes, como trastornos psiquiátricos, pueden beneficiarse más al tomar estos nutrientes.

En el caso de la depresión, los datos disponibles son más consistentes y permiten sacar conclusiones más claras.

Por un lado, los omega-3 no parecen prevenir eficazmente la aparición de la depresión. Por otro lado, una de las revisiones más recientes de la literatura científica sugiere que podrían mejorar los síntomas en personas ya diagnosticadas.

Publicada en Translational Psychiatry en 2019, esta revisión incluyó 26 ensayos clínicos controlados aleatorizados con un total de 2160 personas y concluyó que pueden surgir beneficios, especialmente cuando los omega-3 se consumen principalmente en forma de EPA. Sin embargo, consumir solo DHA no sería una opción eficaz.

Los efectos serían evidentes con dosis incluso inferiores a 1 gramo de EPA por día y se obtendrían mejoras clínicas significativas con formulaciones compuestas por al menos 60% de EPA.

Más recientemente, en 2024, una revisión narrativa publicada en Current Opinion in Clinical Nutrition and Metabolic Care confirmó la mejoría de los síntomas en pacientes con trastorno depresivo mayor (una forma grave de depresión), destacando un efecto más consistente en pacientes con altos niveles de inflamación u otras comorbilidades. Sin embargo, en este análisis, las dosis de EPA superiores a 1 gramo parecieron ser eficaces.

Posibles protocolos integrativos contra la ansiedad

Actualmente, no existen directrices italianas que aborden explícitamente el omega-3 en relación con la ansiedad y la depresión. Sin embargo, tanto el CREA (Consejo de Investigación Agrícola y Análisis de la Economía Agraria) como la Sociedad Italiana de Nutrición Humana (SINU) recomiendan incluir de 2 a 3 raciones de pescado en la dieta semanal, priorizando la variedad y el pescado azul , rico en omega-3 EPA y DHA.

En el caso específico de la ansiedad, ni siquiera existen guías clínicas oficiales de sociedades científicas internacionales que recomienden un protocolo estandarizado para la ingesta de Omega 3.

Sin embargo, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría ofrece una guía general según la cual el tratamiento de algunos trastornos del estado de ánimo también puede mejorarse tomando 1 gramo de EPA y DHA combinados por día.

Sin embargo, muchos de los estudios con resultados positivos sobre la ansiedad utilizaron dosis totales de Omega 3 del orden de unos 2 gramos al día y según algunos análisis, ir por debajo de esta dosis podría llevar a resultados no significativos.

La relación óptima EPA:DHA no está clara; algunos datos sugieren que el EPA puede ser más importante, pero la evidencia de esta superioridad está más consolidada en el caso de la depresión y no es específica de la ansiedad.

En estudios clínicos, la suplementación se ha continuado durante 8-12 semanas o más, pero incluso a la hora de establecer una duración mínima, no existe un protocolo uniforme. Más bien, se ha observado un efecto dosis-respuesta, lo que sugiere que la duración y la dosis de la suplementación deben considerarse conjuntamente para evaluar su impacto en los síntomas de ansiedad.

En general, si se utiliza como complemento, la suplementación con omega-3 puede ser beneficiosa en dosis de aproximadamente 2 gramos diarios de EPA+DHA, con una duración de al menos varias semanas. Además, las personas con diagnósticos o afecciones médicas complejas pueden beneficiarse especialmente de la suplementación.

Posibles protocolos integrativos contra la depresión

Sin embargo, en el caso de la depresión, la Sociedad Internacional de Investigación en Psiquiatría Nutricional ha propuesto pautas clínicas para el uso de Omega 3 como complemento en el tratamiento de la depresión mayor.

Las formulaciones recomendadas son EPA puro o una proporción superior a 2:1 con DHA; sin embargo, la dosis sugerida es de 1 a 2 gramos netos de EPA al día. Los omega-3 deben tomarse como complemento de la terapia antidepresiva u otros tratamientos clínicos, y no como sustitutos, con el fin de potenciar su efecto antidepresivo.

Estas directrices están respaldadas por sugerencias de estudios clínicos, según los cuales:

  • Los suplementos eficaces son aquellos basados ​​en Omega 3 de cadena larga (EPA y DHA), como los producidos con aceite de pescado;
  • Entre el EPA y el DHA, el EPA puede ser más útil para controlar la depresión.

La duración mínima de la toma avalada por estudios clínicos es de 8-12 semanas, durante las cuales es preferible tomar:

  • un suplemento alto en EPA, o
  • un suplemento de EPA+DHA, pero con predominancia de EPA.

Cuando la suplementación se utiliza junto con la terapia antidepresiva estándar, los beneficios pueden ser mayores; en cualquier caso, es necesario un seguimiento clínico por parte de un médico o psiquiatra.

¿Por qué EPA y DHA no son equivalentes?

A la luz de lo dicho, parece claro que un punto crucial –y, al menos aparentemente, a menudo pasado por alto– es que no todos los Omega 3 son iguales.

El EPA y el DHA son las dos principales formas biológicamente activas, pero mientras que el EPA está más directamente involucrado en la modulación de la inflamación y la señalización inmune, el DHA es esencial para la estructura de las membranas neuronales pero menos activo a nivel antiinflamatorio.

Esta distinción se vuelve central al analizar los resultados de estudios clínicos y puede ayudar a explicar por qué, en la práctica, el EPA y el DHA parecen no ser equivalentes.

Omega 3 para la ansiedad y la depresión: un mensaje de la ciencia

La evidencia actualmente disponible sugiere que, aunque no existe un protocolo estándar compartido por las autoridades de la industria, los Omega 3 deben considerarse nutrientes que promueven la buena salud y también podrían apoyar terapias psicológicas o farmacológicas para la ansiedad y la depresión.

Además, se desprende claramente que Omega 3:

  • no deben considerarse tratamiento primario para los trastornos de ansiedad y depresión;
  • No se recomiendan como sustitutos de tratamientos psicoterapéuticos o farmacológicos, pero pueden utilizarse junto con ellos.

Referencias bibliográficas:

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